Pasan los años, y te acostumbras a viajar en avión, a arrancar de los colchones duros o de los once tipos con los que compartes pieza.

Y se te olvida un tiempo precioso en que lo único que querías era huir de las vacaciones familiares, tomar una mochila y simplemente largarte. En ese tiempo no lo sabías, pero estabas haciendo el viaje en su estado más puro. Este número especial está dedicado a todos los que rehúyen de las maletas, a los que les da lo mismo hacer dedo bajo el sol y comer pan con mortadela. A todos los que les puede faltar cualquier cosa, menos la mochila.